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19 julio 2012

Por sus hechos los conoceréis

Vivimos en España un apagón económico general en el que sólo tienen luz las empresas que acertaron a instalar su propio grupo electrógeno (modelo de crecimiento). Es común escuchar opiniones acerca de quién tiene la culpa: preocupación por la banca, los partidos políticos, las distintas culturas europeas… En cambio, pocas veces se señala la ocupación esencial para remontar la situación: la recuperación de la competitividad y del crecimiento. Para conseguirlo, una de las primeras cosas que deben desaparecer del escenario económico y social español son las culturas parasitarias que lastran la remontada.

Un parásito es un animal que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo. Esta convivencia entre ambos es beneficiosa para el parasitante y normalmente no llega a constituir un riesgo para el parasitado. Sin embargo, la vida del parasitado peligra en verdad cuando los parásitos que le habitan se convierten en plaga. Así viene sucediendo en muchos espacios de convivencia en España con sus secuelas de desquiciamiento características: la inactividad y la sensación de que todo funciona mal. Por señalar sólo los tres más significativos: la promoción, la formación y la representación, no son de rasgos nacionales exclusivos, pero sí llama la atención su capacidad de reciclaje y el bajo rechazo social que provocan.
 
Reflexionemos sobre los representantes en el ámbito empresarial (los directivos en España), y enarbolando sin complejos la premisa decimonónica de que se impone una regeneración.

31 marzo 2011

Mirando hacia el pasado o hacia el futuro


Me considero un gran aficionado al cine español, pero he de reconocer que algo no va bien en nuestro séptimo arte, y no sólo porque ha caído estrepitosamente en cuota de pantalla y porque consigue más ingresos a través de las subvenciones que por la taquilla (lo que no es ningún buen síntoma en una industria, aunque sea cultural), sino porque me temo que en general sus temas son retrospectivos y no anticipatorios. Recordemos las cuatro cintas nominadas a la Mejor película en los últimos Premios Goya, entregados el domingo 13 de febrero: una delirante historia de payasos desde la guerra civil al asesinato de Carrero Blanco y el Valle de los Caídos (metáfora de las dos Españas extremas, la salvaje y la blandita, siempre a la greña), una revisión de la rapiña de los poderosos a los indígenas (durante el “descubrimiento” de América y en la Iberoamérica de nuestros días), un claustrofóbico relato de un enterrado vivo en la guerra de Irak y la triunfadora, “Pa negre”, una historia de la triste posguerra. Contrastemos esta temática, de furia y lamento, con las favoritas al Óscar que se concede el 27 de febrero: la excelencia británica en “El discurso del rey” (la relación entre Jorge VI de Inglaterra y su coach australiano), la creación de Facebook en “La red social” (Zuckerberg, demandado por su primer socio y por los gemelos a quienes, según ellos, les robaron la idea), la actitud por encima de la aptitud en “Cisne negro” (un nuevo montaje de “El lago de los cisnes en el Metropolitan como metáfora del tecnicismo frente a la valentía), además de historias de superación en “The fighter” o “127 horas” y de amistad y equipo en “Toy story 3”. Si las historias que nos contamos definen nuestras opciones vitales, las de nuestro cine miran hacia el pasado (nuestra guerra civil, el hambre posterior, el aislamiento, la rapiña) y las del cine anglosajón nuestro futuro (el desarrollo, la autosuperación, la valentía dejando atrás los miedos, la cooperación). Es como Jano, el héroe cultural de la mitología romana, con su doble faz: una cara mirando hacia el pasado y otra hacia el futuro.

30 noviembre 2010

Dueños de nuestro destino



Este artículo está inspirado en una serie de conversaciones que he mantenido estos días con un amigo sobre la película de David Fincher: The social network, gran éxito en taquillas. La historia que relata el film ha despertado en todo el que la conoce, la inquietud, el afán de superación y las ganas por marcarse un reto de similar magnitud. Puede parecer un juego, que divierte y motiva, pero ¿cuál si no es el origen de las ideas? Mi amigo me comentaba su admiración por Mark Zuckerberg, creador de la red social Facebook, todo un personaje créanme. Resulta curioso imaginar que alguien con rasgos de personalidad asocial haya podido crear la mayor red social que existe actualmente en el mundo. ¿Cómo se logra tener una idea genial? ¿Cuál es el proceso para convertirla en realidad? Bien, espero que lo que viene a continuación les sirva de ayuda.
Observar, analizar, detectar, deducir y por último declarar; es lo que se requiere antes de formular cualquier objetivo, o deseo. Dichas fases pueden ser tan largas o cortas en el tiempo, como cada cual decida que sea su capacidad de atención y concentración. Ambos factores están relacionados en una proporción inversa: a mayor concentración, menor tiempo de duración. Por último, es importante recordar que en este caso, y sin que sirva de precedente, el orden de los factores sí altera el producto.

Observar: Una de tantas otras formas de aprendizaje. Hay personas que necesitan primero ver y luego hacer, mientras que otros aprenden haciendo y sus propios errores le sirven como ejemplo para saber actuar la próxima vez. No hay una mejor que otra, las dos son igual de válidas y nos llevan al mismo resultado. Otro aspecto que cabe señalar es la diferencia existente entre “mirar” y “observar”. La primera está exenta de juicios, sólo se ve, sin más; mientras que la segunda es una recogida de información para un posterior proceso de filtrado de la misma.

Analizar: Es el efecto o consecuencia del acto de observar. Cuando analizamos una información lo que hacemos es compararla con nuestro esquema preestablecido. ¿Cómo la consideramos “buena” o “mala”? ¿Entra dentro de lo que es deseable para nosotros? ¿Coincide con el esquema que teníamos formulado previamente sobre lo que queremos, o a dónde pretendemos llegar? 

Detectar: La segunda parte del proceso de análisis. Aquí es donde respondemos a las preguntas previamente formuladas. Pueden ocurrir dos cosas: En caso de que la respuesta sea afirmativa, pasaremos a la siguiente fase, si por el contrario es negativa, desecharemos la información y dejaremos de prestarle atención.

Deducir: Es la parte creativa. Todo lo anterior ha sido la recogida y análisis de la información, y es ahora cuando, con lo que tenemos, creamos ese nuevo proyecto. Tan sólo consiste en idear e imaginar, en este punto estamos centrados en el mundo de las ideas, el proceso de elaboración y materialización vendrá más tarde. Al deducir tratamos de responder lo siguiente: ¿qué es lo que deseo? y ¿cómo ésta información que he recogido me puede ayudar a alcanzarlo? Este proceso es el más importante pues es este punto donde se establece el objetivo.

Declarar: La forma de expresarlo verbalmente. Es el colofón, la guinda del pastel. Podría parecer de escasa importancia, pero no es así. Cualquier persona que sepa lo que quiere, pero no es capaz de declararlo o expresarlo de forma bien definida, empleando para ello las palabras correctas, difícilmente logrará alcanzar su objetivo. El poder de la palabra tiene una importancia vital en todo momento.
Llegados a este punto, debemos pasar a la acción, la cual se hace efectiva si se le añaden dos ingredientes: motivación y concentración. La primera es el motor para funcionar e ir avanzando en el proceso, es la que genera energía, mientras que la concentración la canaliza. 

A menudo, y más si el objetivo es muy a largo plazo, suele surgir cansancio, pereza y la mente se empieza a dispersar, prestando atención a factores secundarios. Con esto no estoy diciendo que sea necesario tan sólo tener un objetivo, de hecho, normalmente trabajamos sobre dos o tres al mismo tiempo, me refiero al hecho de relajarnos en nuestro afán, en nuestra labor, en el avance de ese camino. En este momento todo depende de la forma en la que usted establezca sus prioridades, lo cuál se hace en base al valor atribuido a su objetivo.

Le pondré un ejemplo: supongamos que en su ciudad se va a celebrar una carrera dentro de un mes y usted desea ganarla. Si es corredor profesional probablemente no le resulte un gran esfuerzo entrenar un poco más y lograrlo, el problema viene en el caso de que no esté acostumbrado a hacer deporte y tan sólo lo practique esporádicamente. Si su deseo de ganar la carrera es muy grande, probablemente, durante los próximos treinta días, dedicará la mayor parte del tiempo a entrenar para preparar su cuerpo y así lograr su objetivo. El secreto residirá en el esfuerzo, dedicación, concentración, espíritu positivo y en la visión a largo plazo. El observarse ganando esa maratón y percibir sus emociones tras el éxito le darán fuerzas para continuar en los momentos más duros. La constancia es el último y más importante de los valores que se requieren. Si permitimos que la distracción nos pueda, habremos perdido. El éxito no entiende de cansancio ni de pereza, esto es algo que se reserva para el “no-éxito”, o lo que es lo mismo, la mediocridad en los resultados.

Por último, si al seguir todos estos pasos, no tuviera en cuenta cuáles son los posibles obstáculos que se le presentan, no llegará muy lejos en su empeño. Contamos con ventaja si conocemos las fortalezas, así como las oportunidades de mejora, tanto nuestras como del contexto implicado en la consecución del logro.
Una vez sabido esto, tan sólo me queda decirle: ¡Enhorabuena, prueba superada!


Eurotalent.

30 septiembre 2010

¿Quién dijo miedo?



“Miedo”, término, según la RAE cuyo significado es:
1. “Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”.
2. “Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”.

Cada una de las definiciones tiene un aspecto dignos de analizar y mencionar. Es curioso cuando en la primera habla de riesgo real o imaginario. Lo que viene a decir es que no es totalmente necesario que el peligro sea un suceso real u objetivo, de hecho esto no es en absoluto cierto, el miedo es un sentimiento que nace en nuestra cabeza, en la de cada uno, de ahí que sea totalmente subjetivo. Esta es una idea que cuesta asimilar, a menudo todos estamos seguros que hay estímulos que son precursores de este tipo de respuesta en concreto, pero ¿y si les demostrara que se equivocan? Veamos un ejemplo.

Cuando una persona va a cruzar la calle, normalmente lo hará por un lugar seguro, como un paso de peatones o un semáforo (aunque esto no siempre ocurre así), y normalmente mirará si viene algún coche, antes de pasar. Este es el comportamiento lógico de alguien que pretende evitar un accidente, es decir, tiene miedo a ser atropellado, de hecho la simple idea de que algo pudiera ocurrir le llega a erizar la piel. Ahora pensemos en otra persona que desea sufrir un accidente para recibir una baja laboral y ser indemnizado (¿difícil de imaginar?, por desgracia este suceso se repite con una cierta frecuencia). Dejando a un lado comentarios personales, podemos comprobar la certeza de mi anterior afirmación: el miedo es objetivo e interno, creado por la propia persona, en base a un conjunto de aprendizajes que ha ido adquiriendo a lo largo de su vida hasta ese momento presente.

Y para terminar de rizar el rizo permítanme que les plantee la siguiente pregunta: ¿Es posible que usted decida de forma consciente qué desea temer y a qué no está dispuesto a tener miedo? La respuesta es: Sí. Ante lo cual propongo una última cuestión: ¿Por qué decide tener miedo a algo? Esta respuesta, evidentemente, la dejo a su libre elección.

El miedo es una emoción básica que experimentan tanto personas como animales y cuya finalidad es la supervivencia. El miedo nos hace huir de una situación de peligro, activa nuestros músculos y prepara nuestro organismo, dejándolo listo para reaccionar adecuadamente en el menor espacio de tiempo posible. El problema, es que si la intensidad de la emoción es muy fuerte, puede llegar a paralizar. ¿Sería entonces adaptativo? ¿Nos permitiría adaptarnos al entorno o por el contrario entorpecería nuestro avance? ¿Quién pone el límite donde lo deseable deja de serlo? Sólo usted.

La segunda definición que apuntábamos más arriba tiene un matiz diferente, con la expresión: que le suceda algo contrario a lo que desea está haciendo referencia al hecho de crearse expectativas. Cuando interpretamos que hemos tenido un fracaso, o simplemente, que las cosas salen de forma diferente a nuestro deseo, surgen varias emociones: por un lado rabia, provocada por la insatisfacción e inseguridad de comprobar que no hemos sabido controlar la situación, y por otro el temor a que este hecho se vuelva a repetir. Es curioso como en este caso se asocia el miedo con la frustración.

Fuera ya de todas estas definiciones quiero compartir con ustedes una interesante conversación que inició un compañero de Eurotalent nuestro primer día de reincorporación al trabajo a la vuelta de las vacaciones de verano. Comentaba que, en distintas ocasiones ha tenido la oportunidad de corroborar determinada afirmación, que no es otra, que la progresiva pérdida de ese miedo generalizado que existía hacia la crisis hasta hace poco tiempo. la gente con ganas de avanzar ha dejado a un lado los temores y preocupaciones, ha aprendido que no sirven más que para entorpecer el proceso (el miedo es paralizante y conlleva pérdida de autoestima), que es algo interno, que “yo decido” tener o no tener, y a partir de aquí han iniciado el proceso de cambio. Sin miedo empieza el camino, pero esta vez el camino acertado. ¡Enhorabuena a todos ellos. Le doy la bienvenida a la nueva era y a las grandes e infinitas oportunidades que se le presentan y que ahora SÍ que es usted capaz de ver. Desde Eurotalent seguimos impulsando estos movimientos y actitudes tan acertadas y con final exitoso asegurado. ¡Cuenta con nuestro apoyo, adelante!


Eurotalent.

Bienvenidos a la décima temporada



En Eurotalent nos sentimos muy orgullosos de empezar la décima temporada. Siete vidas (la serie más longeva de la televisión en España, superada por Hospital Central, que lleva 18 temporadas) llegó hasta la 10ª; Médico de familia alcanzó la novena temporada; House inicia la séptima y Perdidos acabó en la sexta. Bromas aparte, desde 2007 han desaparecido más de un millón de empresas en nuestro país, por lo que sobrevivir es una excelente noticia. No debemos olvidar la ley de Revans, el padre del aprendizaje experiencial: “todo organismo sobrevive si y sólo si su tasa de cambio es igual o mayor a la del entorno”. Para la sostenibilidad, aprender es el requisito clave. O aprendes (transformas los errores en lecciones para la vida o pereces). Y aprendemos, como nos enseñó Peter Senge (la quinta disciplina) por aspiración o por desesperación. No nos queda otra.

La década que termina en 2010 podría definirse por dos aspectos: el miedo (que inició el siglo XXI el 11 de septiembre de 2001 con el atentado terrorista a las Torres Gemelas que justificó las guerras en Afganistán e Irak; el 11 de marzo de 2004 en Madrid, que supuso un vuelco electoral y la “inversión” en seguridad en todo el mundo) y la codicia (las hipotecas “subprime” que en agosto de 2007 dieron lugar a una crisis económica sin precedentes desde el crack de 1929). El miedo y la codicia han movido los mercados, la sociedad y la política.

En la nueva década (especialmente a partir de 2012, opinan muchos) hemos de reemplazar el miedo y la codicia por la valentía y la generosidad. Dos paradigmas, dos modelos mentales, dos esquemas de actuación, por los que merece la pena luchar.

El valor, la valentía, es lo que nos permite aprovechar nuestro talento, poner en valor lo que sabemos, queremos y podemos hacer. Es el término medio entre la cobardía (tan extendida como sucedáneo de prudencia) y la temeridad. A través del desarrollo profesional y personal hemos de sentirnos con el coraje suficiente como para vivir la vida que queremos vivir.

La generosidad, siempre importante, es el gran hallazgo de la neurociencia en los últimos años. El cerebro humano es sobre todo plástico y se moldea, aprovecha mejor las conexiones neuronales, a partir del altruismo, que es lo más netamente humano. Liderar es servir, nunca servirse de los demás. Necesitamos un mundo más generoso, realmente más solidario. Libertad, dignidad y solidaridad son los nuevos lemas “revolucionarios” de la segunda década del XXI. Los pilares de la felicidad.

Estamos más que nunca, obsesionados con ayudar a las organizaciones a que se conviertan en verdaderas meritocracias, en las que el mérito, el talento, sea la clave. Mérito en la captación y selección de los profesionales, en la clarificación de sus expectativas, en la gestión de su desempeño, en la comunicación interpersonal, en los procesos de promoción, en la formación y el desarrollo integral (coaching) y en los elementos de compensación, abogando por la potenciación de la motivación intrínseca (la vocación, la autonomía, la maestría) frente al palo y la zanahoria.

Bienvenidos a una nueva temporada y al próximo inicio de una nueva década. De una nueva época. La era conceptual, la economía conductual, la cultura del regalo. Una década impresionante. Un tiempo fascinante.


Eurotalent.